
NOSOTROS
Misión
La Misión del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares, es la de fomentar los Valores, los
Principios Éticos y Morales; y afirmar la Base Espiritual de la Existencia
Humana de la Sociedad a partir de la Religión y Formación Católica, por medio
de campañas de educación y formación, de ayuda humanitaria y donaciones
necesaria en casos de calamidades o desastres y en tiempos de paz.
Visión
La Visión del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares, es obtener a mediano y largo plazo, tener
una participación activa e influencia en la sociedad mundial, a partir de la
Religión Católica, para el mejoramiento de la sociedad, bajo nuestros
principios éticos, morales y espirituales, según como lo establecen nuestros
estatutos; con ámbito nacional y continental, beneficiando siempre al más
necesitado.
Valores
o Principios Rectores del Ordo Templi Hierosolymitani - Equites Templares
Nuestros valores o principios rectores,
están establecidos en nuestros Estatutos y son la Generosidad, Lealtad, Coraje
y Religiosidad; complementados con nuestros deberes y votos que son; nuestro
Juramento Templario, Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, Las Virtudes
Teologales y Las Ocho Beatitudes; así como, la Regla de Tres y los Pensamientos
de un Caballero.
Conceptos
Fundamentales y Valores del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares
Misión
La Misión del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares, es la de fomentar los Valores, los
Principios Éticos y Morales; y afirmar la Base Espiritual de la Existencia
Humana de la Sociedad a partir de la Religión y Formación Católica, por medio
de campañas de educación y formación, de ayuda humanitaria y donaciones
necesaria en casos de calamidades o desastres y en tiempos de paz.
Visión
La Visión del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares, es obtener a mediano y largo plazo, tener
una participación activa e influencia en la sociedad mundial, a partir de la
Religión Católica, para el mejoramiento de la sociedad, bajo nuestros
principios éticos, morales y espirituales, según como lo establecen nuestros
estatutos; con ámbito nacional y continental, beneficiando siempre al más
necesitado.
Valores
o Principios Rectores del Ordo Templi Hierosolymitani - Equites Templares
Nuestros valores o principios rectores,
están establecidos en nuestros Estatutos y son la Generosidad, Lealtad, Coraje
y Religiosidad; complementados con nuestros deberes y votos que son; nuestro
Juramento Templario, Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, Las Virtudes
Teologales y Las Ocho Beatitudes; así como, la Regla de Tres y los Pensamientos
de un Caballero.
Propósitos del Ordo Templi
Hierosolymitani - Equites Templares
El OTH-ET es una organización de
carácter Religioso por afinidad espiritual y por tradición directa, según el
legado de la antigua Orden del Templo, cuya existencia y actividad se
desarrolló entre los siglos XII y XIV. Está organizada según los principios adoptados
en la Regla Latina; obra
con los mismos objetivos de la antigua Orden del Templo, filtrados por la
experiencia y modificados para tener en cuenta la realidad de la sociedad civil
moderna existente.
En particular el OTH-ET:
✠
No
tiene fines políticos o de lucro.
✠
Respeta
la libertad política, religiosa y de expresión, sin ninguna discriminación de
sexo, de religión, de cultura o de afiliación política o social.
✠
Contribuye
a la formación de una sociedad mejor, marcada por la paz entre los hombres, en
la que todo el mundo pueda expresar plenamente su diversidad religiosa, étnica,
cultural, social y familiar.
✠
Opera
con transparencia en sus intenciones, estructuras y recursos y muestra que no
tiene nada secreto u oculto.
✠
Niega
todo comportamiento incompatible con los preceptos de la religión cristiana
católica, la moral común, la naturaleza y las leyes del Estado.
✠
Interpreta
la antigua caballería espiritual, centrándose en los valores cívicos,
religiosos y morales, la inteligencia, el ecumenismo, la solidaridad y todas
las demás actividades al servicio del hombre, al respeto por la naturaleza y a
todos los seres vivientes.
✠
En
la actualidad, Ordo Templi Hierosolymitani - Equites Templares, es una Orden
Caballeresca, sin dejar de ser fiel a sus tradiciones, a su patrimonio
histórico y moral, respetando los votos de la caballería y de los principios de
jerarquía y obediencia que son la base de su estructura.
✠
El
OTH-ET es transparente y abierto a todos aquellos que compartan sus objetivos,
sin distinción de creencias, de sexo, de raza, de religión, de cultura y de
política.
Objetivos
del Caballero Templario
·
El
ideal del Caballero Templario incluye: defender la cristiandad y ser un ejemplo
de honor y paz.
·
El
compromiso del Caballero comprende: difundir la paz y la fraternidad recordando
que, aunque tengamos orígenes, vicisitudes, tradiciones y culturas diferentes,
todos podemos estar unidos en la fuerza del amor común y la hermandad.
·
El
deber del caballero es: obediencia, dignidad, orgullo y lealtad.
La
Regla De Tres
Nuestra
vida fluye bien y con serenidad cuando mantenemos como punto de referencia las
tres T.
Cada uno lleva su vida según los
esquemas que construye sobre la base de experiencias y la fuerza de los sentimientos.
Todo caballero digno del título que
ostenta debe vivir con sencillez y serenidad según la regla de las TRES
"T" que son:
·
Tolerancia: es el sentimiento de
reflexión y el más cercano al perdón, pero también representa la fuerza para
soportar la adversidad. Hay que tener un aprovisionamiento infinito de ella.
·
Ternura: es la capacidad de ser
siempre compasivo y paciente con todo y con todos; es el signo de haber
alcanzado la PAZ. Cuando la ira o la decepción afloran, significa que todavía
hay un camino que recorrer en esta senda.
·
Transparencia: ser transparente en todo
momento y especialmente con nosotros mismos es tan difícil que quizás nadie lo
sea por completo. Este debe ser nuestro objetivo.
Cuando el hombre se desvía de una o
varias T suele caer en las tres “P”
·
Pertinacia: la insistencia, pedir
constantemente y querer obsesivamente algo a cualquier precio es la
representación material del egoísmo y del poco crecimiento espiritual. Hay que
tener paciencia para esperar lo que se desea que llegue.
·
Presunción: la convicción de tener siempre
la razón, sin tener nunca el tiempo ni el deseo de evaluar otros pensamientos,
lleva al individuo a sentirse como una especie de superhombre que en realidad
está solo.
·
Prepotencia: representa el índice de
la inseguridad. Ahora bien, cuanto más prepotente es un hombre, más desconfiado
está de la fuerza y la solidez de sus pensamientos.
o
incluso peor, las tres "I".
·
Ignorancia: esta es la peor de las
I, porque al desconocer los hechos y las reglas se vive de forma anárquica y
salvaje. A menudo, va acompañada de la
arrogancia y el engreimiento.
·
Envidia (Invidia en
Italiano):
Todos somos criaturas maravillosas con nuestros propios tesoros. Tan solo aquel
que no pueden ver tal esplendor, es posible que tenga envidia.
·
Infamia: este es el sentimiento
de un traidor, de alguien que sabe hacer el mal. El infame puede perdonar mas
no olvidar.
Así
que el secreto de la vida es intentar el remplazo de las P y las I por las T,
aunque a menudo sea difícil y a veces doloroso.
Pensamientos
de un Caballero
·
El
Caballero es consciente de que el cuerpo es como un saco que se puede llenar
con la luz del alma; Cuando se vacíe la intensidad de la luz, así será la
imagen de su vida.
·
El
caballero elogia y consuela a su amigo en público y lo reconforta en privado.
·
El
Caballero nunca da la espalda a las dificultades: se detiene, reúne fuerzas e
ideas y las afronta con positividad y dignidad.
·
El
Caballero también acepta los compromisos, sin doblegarse a la sumisión, siempre
que estén orientados a construir la paz y el diálogo.
·
El
Caballero sabe sufrir en la discreción, nadie ve sus heridas.
·
Las
lágrimas del Caballero son como el rocío: reservadas, transparentes y puras;
·
El
Caballero no hace alarde de riqueza, puesto que es rico de espíritu.
·
El
Caballero siempre está preparado y presente, nunca deja nada al azar. Cada
detalle debe ser atendido cuidadosamente y el éxito radica en la atención que
se presta a los detalles.
·
El
Caballero sabe enfrentarse al peligro, defenderse de él, pero su verdadera
fuerza es su capacidad para evitar la confrontación.
·
El
Caballero considera a los otros sus amigos y
hermanos.
·
El
Caballero persigue el deseo de paz en cada oportunidad;
·
El
Caballero se defiende por necesidad y no responde a la provocación. La humildad
y la sencillez de comportamiento distinguen su obra.
·
El
Caballero siempre camina al lado de su amigo, apoyando sus éxitos y
reconfortando sus amarguras.
·
El
Caballero actúa con la fuerza del amor y el calor del corazón. La generosidad,
la fraternidad, la lealtad y la amistad son los valores positivos que pone en
la base de sus acciones.
Votos Templarios
Cada
miembro de la Orden debe observar, en la medida de lo posible, y adecuándolos a
la realidad del momento, los votos templarios antiguos y debe tenerlo como
convicciones, basados en los Diez (10) Mandamientos de la Ley de Dios, las
Virtudes Teologales y las Ocho (08) Beatitudes:
Diez Mandamientos De La Ley De Dios
1º Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2º No tomarás el Nombre de Dios en vano.
3º Santificarás las fiestas.
4º Honrarás a tu padre y a tu madre.
5º No matarás.
6º No cometerás actos impuros.
7º No robarás.
8º No dirás falso testimonio ni mentirás.
9º No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10º No codiciarás los bienes ajenos.
Virtudes Teologales
☩
La Fe. (Creer en la Vida, Pasión, Muerte y
Resurrección de Jesucristo).
☩
La Esperanza. (Confiar en el Amor y la
Providencia de Dios).
☩
La Caridad. (La Solidaridad).
Ocho Beatitudes
☩
Poseer el Contento Espiritual. (Optimismo).
☩
Vivir sin Malicia.
☩
Llorar Los Pecados. (Arrepentimiento).
☩
Humillarse al ser Ultrajados. (Humildad).
☩
Amar La Justicia.
☩
Ser Misericordiosos. (Solidaridad).
☩
Ser Sinceros y Limpios de Corazón.
☩
Sufrir con Paciencia Las Persecuciones. (Paciencia
ante las Adversidades).
Juramento
Juro
Defender con las palabras y con las acciones la Fe
Cristiana, de ofrecer mi corazón e implorar a la siempre Virgen Maria Madre de
Dios, protectora de nuestra Orden.
Prometo obediencia
al Santo Padre, el Papa y su Magisterio, al Gran
Maestro, a los Estatutos y a la Jerarquía de la Orden.
Prometo combatir
el mal en cualquier lugar que se anide y de no
retirarme nunca ante las dificultades.
Prometo dedicarme
en profundizar la Doctrina Católica para la
formación de la verdadera Sociedad Templaria, con espíritu religioso,
solidario, con dignidad y justicia caballeresca, siguiendo los principios
originarios de la antigua Regla Latina.
Prometo contribuir
con mi ejemplo personal bajo la guía iluminada del
Espíritu Santo, a la edificación de la civilización del amor, para la formación
y el progreso del hombre, en el nombre de todos los valores cristianos que más
allá́ de las fronteras y de las ideas, demuestran la igualdad de todos los
seres humanos.
Dios
sea testigo de este juramento y me ayude para que
pueda ser cumplido con dignidad caballeresca, siguiendo los Principios de la
Santa Madre Iglesia.
ORACIONES DE LOS TEMPLARIOS
Acto De Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor,
yo me arrepiento de todos los pecados
que he cometido hasta hoy,
y me pesa de todo corazón, porque con
ellos ofendí a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar
y confío que por tu infinita misericordia
me has de conceder el perdón de mis
culpas y me has de llevar a la vida eterna.
Amén
Credo De Los
Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida eterna.
Amén
Padre Nuestro
A continuación, el Padre Nuestro que rezaban los
templarios, divididos en los siete preceptos que Jesús dio a conocer, junto con
el octavo, que no es más que una alusión a la Santísima Trinidad, representado
en el abrazo trinitario que se intercambiaban los templarios a modo de saludo (vulgarmente
conocido como Triple Abrazo Templario):
1.
Pater Noster, qui es in caelis;
2.
Sanctificetur Nomen Tuum;
3.
Adveniat Regnum Tuum;
4.
Fiat voluntas Tua, sicut
in caelo et in terra.
5.
Panem nostrum
quotidianum da nobis hodie;
6.
Et dimitte nobis debita
nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
7.
Et ne nos inducas in
tentationem, sed libera nos a Malo.
8.
In nómine Patris, et
Fílii, et Spíritus Sancti. [Amén].
Traducción:
1.
Padre Nuestro, que
estás en los cielos;
2.
Santificado sea tu
Nombre;
3.
Venga a nosotros tu
Reino;
4.
Hágase tu voluntad así
en el cielo y en la tierra;
5.
El pan nuestro de cada
día, dánoslo hoy;
6.
Y perdona nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;
7.
Y no nos dejes caer en
la tentación, y sí líbranos del Maligno.
8.
En el nombre del Padre,
y del Hijo, y del Espíritu Santo. [Así Sea]
Ave María
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora
de nuestra muerte.
Amén
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos
Amén
Bendición De Las
Comidas
Antes de las comidas
Bendícenos, Señor, y bendice éstos alimentos que nos
vamos a servir, y que Tú nos das por Tu infinita bondad. Te lo pedimos por
Cristo Nuestro Señor.
Amén
Después de las comidas
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios. Tú que vives y
reinas por los siglos de los siglos.
Amén
Shemá
Israel
Deuteronomio 6,4-7
Dt 6,4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al
Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus
hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y
levantado.
Salmo
2
El Drama Mesiánico
1.
¿Por qué se agitan las naciones, y los
pueblos mascullan planes vanos?
2.
Se yerguen los reyes de la tierra, los
caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:
3.
¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su
yugo!
4.
El que se sienta en los cielos se sonríe,
Yahveh se burla de ellos.
5.
Luego en su cólera les habla, en su
furor los aterra:
6.
Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sion
mi monte santo.
7.
Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El
me ha dicho: Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.
8.
Pídeme, y te daré en herencia las
naciones, en propiedad los confines de la tierra.
9.
Con cetro de hierro, los quebrantarás,
los quebrarás como vaso de alfarero.
10.
Y ahora, reyes, comprended, corregíos,
jueces de la tierra.
11.
Servid a Yahveh con temor,
12.
con temblor besad sus pies; no se irrite
y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los
que a él se acogen!
Salmo
2
Dominus regit me... El Señor es mi Pastor y Huésped
1. Salmo
de David.
El
Señor es mi pastor, nada me falta.
2. En
verdes praderas me hace descansar,
junto
a aguas tranquilas me lleva.
3. El
Señor me reconforta,
me
conduce por caminos rectos
haciendo
honor a su nombre.
4. Aunque
camine por valles sombríos
no
temeré mal alguno,
porque
tú estás conmigo,
tu
vara y tu cayado me sosiegan.
5. Ante
mí preparas una mesa
delante
de mis enemigos,
unges
mi cabeza con aceite
mi
copa rebosa.
6. El
bien y la bondad estarán conmigo
todos
los días de mi vida,
y
habitaré en la casa del Señor
durante
días sin fin.
Salmo 91
Qui habitat in adjutorio Altissimi... La Protección
de Dios
El que habita en la Sombra del Omnipotente
Alabanza y
cántico de David.
1 Tú que
habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente,
2 dile al
Señor: "Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi
confianza".
3 El te
librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia;
4 te
cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio.
5 No
temerás los miedos de la noche ni la flecha disparada de día,
6 ni la
peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol.
7 Aunque
caigan mil hombres a tu lado y diez mil, a tu derecha, tú estarás fuera de
peligro: su lealtad será tu escudo y armadura.
8 Basta que
mires con tus ojos y verás cómo se le paga al impío.
9 Pero tú
dices: "Mi amparo es el Señor", tú has hecho del Altísimo tu asilo.
10 La
desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda:
11 pues a
los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos.
12 En sus
manos te habrán de sostener para que no tropiece tu pie en alguna piedra;
13 andarás
sobre víboras y leones y pisarás cachorros y dragones.
14
"Pues a mí se acogió, lo libraré, lo protegeré, pues mi Nombre conoció.
15 Si me
invoca, yo le responderé, y en la angustia estaré junto a él, lo salvaré, le
rendiré honores.
16 Alargaré
sus días como lo desea y haré que pueda ver mi salvación".
Oración de los Templarios
Extracto de la oración hecha en París,
Capilla de la Abadía de Santa Genoveva 1 de abril de, 1310
Que la gracia del Espíritu Santo nos
ampare.
Que María, estrella de los mares, nos
guíe hacia el puerto de la Salvación.
Amén.
Señor Jesús, Cristo Santo, Padre Eterno y Dios Omnipotente, Sabio
Creador, dispensador, administrador benévolo y amigo muy amado, piadoso y
humilde Redentor, Salvador clemente y misericordioso, te ruego humildemente y
te suplico que me ilumines, para liberarme y mantenerme junto todos los otros
hermanos del Templo y a los otros hermanos de tu pueblo cristiano trastornado
de tantas dificultades, ahora y siempre.
Concédenos, Señor, en quien se encuentra y del que provienen todas las
virtudes, los beneficios, los dones y la gracia del Espíritu Santo, permítenos
conocer la verdad y la justicia, para tomar conciencia de la debilidad y la
incapacidad de nuestra pobre carne, de inclinarse a la mas verdadera humildad.
Concédenos la capacidad de despreciar este triste mundo y su suciedad,
así como los vanos placeres, la soberbia y todas las miserias, de no aspirar
mas que a los bienes celestiales y de trabajar y mantener nuestros votos y tus
mandamientos en humildad.
Tú que vives y reinas, siendo Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
Oración para la Consagración de
la Espada Templaria:
"Señor, haz de mi Espada Luz, para los que te buscan,
Fuerza, para los desalentados, Esperanza, para los
oprimidos,
Misericordia, para los arrepentidos, Tormento, para los
perversos,
Justicia, para los excluidos.
Señor, hazme digno de mi Espada,
que ella nunca sea blandida si no fuera para combatir el buen
combate;
que pueda con ella mutilar diariamente al demonio de mi ego
para que un día, pueda degollarlo definitivamente y entonces
Señor,
pueda verte cara a cara y pueda ponerla a tus santos pies
como símbolo de la victoria sobre mí mismo y poder cantar,
junto con tus querubines y serafines, la Gloria de tu
nombre.
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo."
Amén.
Lema
de la Orden de los Caballeros Templarios
“Non nobis Domine non nobis, sed Nomini Tuo da
gloriam”
(Nada para
Nosotros Señor, Nada para Nosotros, sino para la Gloria de tu Nombre)
GRAN MAESTRE
GRAN PRIOR MAGISTRAL
GRAN
COMENDADOR
ALTOS
DIGNATARIOS MAGISTRALES
GRAN PRIOR
OFICIALES
DEL GRAN PRIORATO
PRIORES
GRANDES
BAILÍOS O BAILÍOS (Jefe de Región)
BAILÍAS (REGIONES)
ESTRUCTURA JERÁRQUICA DE LA ORDEN
GRAN MAESTRE
GRAN PRIOR MAGISTRAL
GRAN
COMENDADOR
ALTOS
DIGNATARIOS MAGISTRALES
GRAN PRIOR
OFICIALES
DEL GRAN PRIORATO
PRIORES
GRANDES
BAILÍOS O BAILÍOS (Jefe de Región)
BAILÍAS (REGIONES)
GRANDES
PRECEPTORES O PRECEPTORES (Jefe Del Estado o Provincia)
PRECEPTORÍAS
(Estados / Provincias)
COMENDADOR
(JEFE DE MUNICIPIO)
ENCOMIENDAS (Municipios / Comunas / Ciudades)
OFICIALES
DE LA ENCOMIENDA
CABALLERO
/ DAMA
ESCUDERO
/ DAMISELA
POSTULANTE
Organización Territorial del Ordo Templi Hierosolymitani - Equites
Templares
El Ordo Templi Hierosolymitani - Equites Templares,
está estructurado en unidades territoriales jerárquicamente de la siguiente
manera:
·
Gran Magisterio, Domus
Militiae Templi De Aretio
“San Jorge en el Templo”
Comendatario
El
Gran Maestre
Su
Alteza el Príncipe Hermano Enzo Mattani di Kerak
Caballero
del Gran Collar O.T.H.,
con
jurisdicción sobre los Grandes Prioratos y toda la Organización.
·
Gran Priorato,
con
jurisdicción en el país de representación fuera del Gran Magisterio, y en el
caso de jurisdicciones extranjeras, sobre los Prioratos y otras estructuras
responsables.
·
Priorato,
con
jurisdicción sobre las Grandes Bailías.
·
Gran Bailía,
con
jurisdicción sobre las Bailías.
·
Bailía,
con
jurisdicción sobre las Preceptorías de la región de la cual es responsable.
·
Preceptoría,
con
jurisdicción sobre las Encomiendas.
·
Encomienda,
Unidad Fundamental.
PRINCIPIOS LEGALES:
La Regla Primitiva o Regla Latina, redactada
por Hugo de Pagani y perfeccionada por San Bernardo de Claraval, aprobada
durante el Concilio de Troyes, el 14 de enero de 1128 y promulgada por el Papa
Honorio II.
La Bula “Omne Datum Optimum”, que fue
promulgada por el Papa Inocencio II el 29 de marzo de 1139, con el objeto de
oficializar la creación de la Orden del Templo.
Los Estatutos aprobados el 25 de marzo del
2005, de la Asociación Autónoma e Independiente de duración ilimitada Ordo
Templi Hiorosolymitani – Equites Templares – Gran Magisterio – Gran Priorato de
Italia, indicada como “Orden” u O.T.H., con sede en la Basílica de San Nicola
en Carcere, Via del Teatro di Marcello, Nº 46, 00186, Roma, Italia. Registrada
en la Oficina de los Ingresos de Roma, el 26 de noviembre de 2004 y sus
posteriores modificaciones.
Los Estatutos
Sociales de la Asociación Civil sin fines de lucro, de duración limitada de 20
años, Ordo Templi Hiorosolymitani - Equites Templares, Gran Priorato de la República
Bolivariana de Venezuela, con sede en Maracay, Estado Aragua, Venezuela.
Registrada en el Registro Principal del Estado Aragua, el 05 de noviembre de
2015, registrado bajo el Nº 15, Folios 88 al 93, Protocolo Primero, Tomo 14.
Regla Latina de Los
Caballeros Templarios
Regla de Los Pobres
Conmilitones de Cristo Y Templo de Salomón de La Santa Ciudad De Jerusalén
Regla latina emitida durante
el Concilio de Troyes en 1128.
I. Cómo se ha de oír el
oficio divino.
Vosotros, que en cierta manera renunciasteis la propia voluntad, y los
demás, que por la salvación de las almas militáis sirviendo al Rey supremo con
caballos y armas, procurad universalmente con piadoso y puro afecto oír los
maitines y todo el oficio divino, según la canónica institución y costumbre de
los doctos regulares de la santa iglesia de Jerusalén. Y por esto, ¡o
venerables hermanos! a vosotros muy en particular os toca, porque habiendo
despreciado el mundo y los tormentos de vuestros cuerpos, prometisteis tener en
poco al mundo por el amor de Dios; y así fortalecidos y saciados con el divino
manjar, instruidos y firmes en los preceptos del Señor, después de haber
consumado y asistido al misterio divino, ninguno tema la pelea, sino esté
apercibido para conseguir la victoria y la corona.
II. Que digan las
oraciones dominicales, si no pudieren asistir al oficio divino.
A más de esto, si algún hermano estuviere distante o en país remoto en
negocio de la cristiandad, (que sucederá muchas veces) y por tal ausencia no oyere
el Oficio divino, por los maitines dirá trece padres nuestros, u oraciones
dominicales, y siete por cada una de las horas menores, y por las vísperas
nueve, respeto a que ocupados éstos en tan saludable trabajo no pueden acudir a
hora competente al Oficio divino, pero si pudieren que lo hagan a las horas
señaladas...
Regla Latina de Los
Caballeros Templarios
Regla de Los Pobres
Conmilitones de Cristo Y Templo de Salomón de La Santa Ciudad De Jerusalén
Regla latina emitida durante
el Concilio de Troyes en 1128.
I. Cómo se ha de oír el
oficio divino.
Vosotros, que en cierta manera renunciasteis la propia voluntad, y los
demás, que por la salvación de las almas militáis sirviendo al Rey supremo con
caballos y armas, procurad universalmente con piadoso y puro afecto oír los
maitines y todo el oficio divino, según la canónica institución y costumbre de
los doctos regulares de la santa iglesia de Jerusalén. Y por esto, ¡o
venerables hermanos! a vosotros muy en particular os toca, porque habiendo
despreciado el mundo y los tormentos de vuestros cuerpos, prometisteis tener en
poco al mundo por el amor de Dios; y así fortalecidos y saciados con el divino
manjar, instruidos y firmes en los preceptos del Señor, después de haber
consumado y asistido al misterio divino, ninguno tema la pelea, sino esté
apercibido para conseguir la victoria y la corona.
II. Que digan las
oraciones dominicales, si no pudieren asistir al oficio divino.
A más de esto, si algún hermano estuviere distante o en país remoto en
negocio de la cristiandad, (que sucederá muchas veces) y por tal ausencia no oyere
el Oficio divino, por los maitines dirá trece padres nuestros, u oraciones
dominicales, y siete por cada una de las horas menores, y por las vísperas
nueve, respeto a que ocupados éstos en tan saludable trabajo no pueden acudir a
hora competente al Oficio divino, pero si pudieren que lo hagan a las horas
señaladas.
III. Qué se haya de hacer
por los hermanos difuntos.
Cuando alguno de los hermanos muriere, que la muerte a nadie perdona
ni se escapa de ella, mandamos que con los clérigos y capellanes que sirven a
Dios sumo sacerdote, ofrezcáis caritativamente con ellos y con pureza de ánimo
el oficio y misa solemne a Jesucristo por su alma; y los hermanos que allí
estuviereis pernoctaréis en oración por el alma de dicho difunto, rezando cien
padresnuestros hasta el día séptimo, los cuales se han de contar desde el día
de la muerte, o desde que se supiere, haciéndolo con fraternal observancia
porque el número de siete es número de perfección. Y todavía os suplicamos con
divina caridad, y os mandamos con paternal autoridad, que así como cada día se
le daba a nuestro hermano lo necesario para comer y sustentar la vida, que esta
misma comida y bebida se dé a un pobre hasta los cuarenta días; y todas las
demás oblaciones que acostumbrabais hacer por dichos hermanos, así en la muerte
de algunos de ellos, o como en las solemnidades de pascua, del todo las
prohibimos.
IV. Los capellanes
solamente tengan comida y vestido.
Mandamos que todas las oblaciones y limosnas que se hicieren a los
capellanes, o a otros que estén por tiempo determinado, sirvan para todo el
cabildo, y que los servidores de la iglesia tan solamente tengan, según su
clase, comida, vestido, y lo que cristianamente les diere de su voluntad el
Maestre.
V. De cuando muriere uno
de los soldados que asisten con los templarios.
Hay también soldados en la casa de Dios y templo de Salomón que viven
con nosotros, por lo cual os suplicamos rogamos y os mandamos, con inefable
conmiseración, que si alguno de estos muriere, se le dé a un pobre por siete
días de comer, por su alma, con divino amor y fraternal piedad.
VI. Que ningún hermano
templario haga oblación.
Determinamos, como se dijo arriba, que ninguno de los hermanos
perpetuos presuma hacer otra oblación, sino que permanezca día y noche en su
profesión con limpio corazón, para que en esto pueda igualarse con el más sabio
de los profetas, que en el salmo 115 decía: "Beberé el cáliz de salud e
imitaré en mi muerte la muerte del Señor", porque así como Cristo ofreció
por mi su alma, así estoy pronto a ofrecerla por mis hermanos y he aquí una
competente oblación, y hostia viva que place a Dios.
VII. De lo inmoderado de
estar en pié.
Habiéndonos dicho un verdadero testigo que oís todo el Oficio divino
en pié, mandamos no sólo que lo hagáis, antes lo vituperamos, y prevenimos que
concluido el salmo Venite exultemus domino, con el invitatorio e himno,
todos os sentéis, los débiles como los fuertes, y os lo mandamos por evitar el
escándalo; y estando sentados sólo os levantéis al decir Gloria patri
concluido el salmo, suplicando vueltos al altar, bajando la cabeza por
reverencia a la Santísima Trinidad nombrada, y los débiles basta que hagan la
inclinación sin levantarse; al Evangelio, al Te Deum laudamus, y durante
los Laudes, hasta el Benedicamus Domino, estaréis en pié, y lo mismo en
los maitines de Nuestra Señora.
VIII. De la comida en
refectorio.
Creemos que comeréis en refectorio; cuando alguna cosa os faltare y
tuviereis necesidad de ella, si no pudierais pedirla por señas, pedireisla
silenciosamente, y así siempre que se pida algo estando en la mesa ha de ser
con humildad y rendimiento, como dice el apóstol "come tu pan con
silencio" y el salmista os debe animar diciendo: "Puse a mi boca
custodia o silencio", que quiere decir: deliberé no hablar, y guardé mi boca
por no hablar mal.
IX. De la lectura o
lección cuando se come.
Siempre que se coma se leerá la santa lección; si amamos a Dios
debemos desear oír sus santos preceptos y palabras; y así el lector hará señal
para que todos guarden silencio.
X. Del comer carne en la
semana.
En la semana, si no es en el día de Pascua, de Navidad, Resurrección,
o festividad de nuestra Señora, o de todos los Santos, basta comerla tres veces
o días en ella, porque la costumbre de comerla se entiende es corrupción de los
cuerpos. Si el martes fuere de ayuno, el miércoles se os dará comida más
abundante. En el domingo, así a los caballeros, como a los capellanes, se les
dé dos platos en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se
contentarán con uno y den gracias a Dios.
XI. Cómo deben comer los
caballeros.
Conviene en general coman de dos en dos para que con cuidado se
provean unos a otros, y no se introduzca entre ellos la aspereza de vida y la
abstinencia en todo; y juzgamos justo que a cada uno de dichos caballeros se
les den iguales porciones de vino.
XII. Que en los demás
días basta darles dos o tres platos de legumbres.
En los demás días, como son lunes, miércoles y sábados, basta dar dos
o tres platos de legumbres u otra cosa cocida, para que el que no come de uno
coma de otro.
XIII. Qué conviene comer
los viernes.
El viernes comerá sin falta de cuaresma toda la congregación, por la
reverencia debida a la pasión, excepto los enfermos y flacos; y desde todos
Santos, hasta Pascua, a excepción del día del nacimiento del Señor, o
festividades de nuestra Señora o Apóstoles, alabamos al que no comiere más que
una vez al día; en lo restante del año, si no fuere día de ayuno, hagan dos comidas.
XIV. Después de comer,
que den gracias a Dios.
Después de comer y cenar, si la iglesia está cerca, y si no en el
mismo lugar, den gracias a Dios que es nuestro procurador, con humilde corazón;
y mandamos igualmente que a los pobres se les den los fragmentos, y que se
guarden los panes enteros.
XV. Que el décimo pan se
dé al limosnero
Aunque el premio de la pobreza es el reino de los cielos, y sin duda
será para los pobres, mandamos a vosotros dar cada día al limosnero el diezmo
de todo el pan que os dieren.
XVI. Que la colación sea
al arbitrio del Maestre.
Habiéndose puesto el Sol, oída la señal según la costumbre de esa
religión, conviene que todos vayan a completas. Pero antes de ellas deseamos
que tomen una colación en comunidad. Esta refracción la dejamos al arbitrio del
Maestre, y que en ella se beba agua o vino aguado como él dispusiere, mas que
no sea con demasía, que también los sabios vemos desdicen de su conducta y
comportamiento con el uso extremado del vino.
XVII. Que se guarde
silencio después de completas.
Acabadas las completas, conviene que se vayan a acostar. Después de
salir de ellas ninguno hable en lugares públicos si no hubiere necesidad, y lo
que se hablare con su escudero, sea en voz baja. Si alguna vez fuese muy
preciso que alguno de vosotros, juntos o separadamente, tuviereis de hablar al
Maestre, o al que ejerce sus funciones en casa, del estado de la guerra, o de
los negocios del monasterio, por no haber tenido lugar en todo el día, mandamos
que se haga con las precisas palabras y guardando el posible silencio, porque
escrito está: Que en el mucho hablar no faltará pecado; y que también: la
muerte y la vida están en la lengua. En aquella junta prohibimos las
chanzas y palabras ociosas que ocasionan rizas; y mandamos que si alguno
hubiere hablado con poca atención, rece al irse a acostar un Paternoster
con toda humildad y devoción.
XVIII. Los que se
hallaren cansados no se levanten a maitines.
Porque no es justo que los que se hallaren fatigados se levanten a
maitines, mandamos que con licencia del Maestre o del que ocupare su lugar,
descansen, y después canten las trece oraciones señaladas, de suerte que se
ajuste a las voces la atención, según lo que dice el Profeta: Cantad al
Señor sabiamente; y en otra parte: Tendré presente los ángeles cuando
cantare tus alabanzas. Esto sea siempre a arbitrio del Maestre.
XIX. Que se guarde
igualdad en la comida.
Léese en las sagradas Letras que se daba a todos según lo que había
menester cada uno. Por eso mandamos que no se haga excepción de personas, y no
se atienda a más que a las necesidades. Y así el que ha menester menos, dé
gracias a Dios, y no se entristezca por lo que a otro dieren; y el que necesita
más, humíllese por su flaqueza, y no se ensoberbezca por la misericordia que
con él se usa, y así vivirán en paz todos los individuos de este cuerpo religioso.
Prohibimos se singularice alguno en las mortificaciones, y mandamos que guarden
todos vida común.
XX. Del vestido.
Los vestidos sean siempre de un color, blanco o negro, o por mejor
decir de buriel. A todos los caballeros profesos señalamos que en verano y en
invierno lleven, por poco que puedan, el vestido blanco; pues dejaron las
tinieblas de la vida seglar, se conozcan por amigos de Dios en el vestido
blanco y lucido. ¿Qué es el color blanco sino entera pureza? La pureza es
seguridad del ánimo, salud del cuerpo. Si el religioso militar no guardare
pureza, no podrá llegar a la eterna felicidad y vista de Dios, afirmando el
apóstol San Pablo: Guardad con todos paz, guardad pureza, sin la cual
ninguno verá al Señor. Mas porque con este vestido no se ha de mostrar
vanidad ni gala, mandamos que sea de tal hechura que cualquiera solo y sin
fatiga se pueda vestir y desnudar, calzar y descalzar. El encargado de dar los
vestidos, cuide que ni vengan largos, ni cortos, sino ajustados al que haya de
usarlos. Al recibir un vestido nuevo vuelvan el que dejan, para que se guarde
en la ropería, o donde señalare el que cuide de esto, a fin de que se
aprovechen para los escuderos, criados y algunas veces para los pobres.
XXI. Que los criados no
lleven el vestido o capas de color blanco.
Prohibimos absolutamente que puedan los criados y escuderos usar
vestidos blancos, porque de este abuso se siguieron graves inconvenientes.
Levantáronse en las partes ultramontanas falsos hermanos unos y otros casados,
que se llamaban del Templo siendo del mundo. Éstos pues ocasionaron muchos
daños y persecuciones a la caballería. Y los demás criados ensoberbeciéndose
causaron no pocos escándalos. Usen pues vestidos negros, o si no se hallaren de
este color, vistan del más obscuro y basto que se pudiera hallar.
XXII. Que sólo los
religiosos profesos vistan de blanco.
A ninguno pues le sea licito traer mantos blancos o capas de este
color, sino a los Caballeros perpetuos de Cristo.
XXIII. Que usen de pieles
de corderillas.
Determinamos de común consentimiento, que ninguno use pieles preciosas
para vestido común, ni para cobertor de la cama, sino de pieles de corderillos
o carneros.
XXIV. Que los vestidos
viejos se den a los escuderos.
Procure el ropero distribuir con igualdad los vestidos viejos a los
escuderos, criados y a los pobres.
XXV. Que al que quisiese
el mejor vestido se le dé el peor.
Si alguno pretendiera, como debido a su persona o con ánimo soberbio,
los vestidos mas nuevos y curiosos, por tal pretensión se le den los peores.
XXVI. Que se guarde
cantidad y calidad en los vestidos.
Conviene que el que distribuya los vestidos procure darlos ajustados a
la estatura de cada uno, y que ni sean más anchos ni más cortos de lo que sea
menester.
XXVII. Que el que
distribuya los vestidos guarde igualdad.
En lo largo de los vestidos, como se dijo arriba, procure con amor
fraternal ajustados a la medida, para que los ojos de los murmuradores y que
censuran no tengan que notar. Y en todo considere la justicia e igualdad de
Dios.
XXVIII. De los cabellos
largos.
Todos, principalmente los que no estén en campaña, conviene que lleven
cortado el cabello con igualdad y con un mismo orden, y guárdese lo mismo en la
barba y aladares para que no se vea el vicio de la gala y demasía.
XXIX. De las trenzas y
copetes.
No hay duda que es de gentiles llevar trenzas y copetes; y pues esto
parece tan mal a todos, lo prohibimos y mandamos que ninguno traiga tal aliño.
Ni tampoco las permitimos a los que sólo sirven por determinado tiempo en esta
Orden. Y mandamos que no lleven crecido el cabello, ni los vestidos
demasiadamente largos, porque a los que sirven al Sumo Criador les es muy
necesaria la interior y exterior pureza, afirmándolo así cuando dice : Sed
puros porque yo lo soy.
XXX. Del número de
caballos y escuderos.
Cada uno do los soldados puede tener tres caballos, porque la mucha
pobreza de la casa de Dios y Templo de Salomón no
da lugar a que por ahora sea mayor el número, a no ser con licencia del
Maestre.
XXXI. Que ninguno
castigue al escudero que sirve sin salario.
Por la misma causa concedemos a cada uno de los caballeros un escudero
solamente. Pero si este sirviere sin estipendio, graciosamente, o por amor de
Dios, no le es lícito a alguno maltratarle o castigarle.
XXXII. Cómo se hayan de
recibir los que quieran servir en la Orden por tiempo señalado.
Todos los soldados que con intención pura deseen militar en servicio
de Dios nuestro Señor en su santa casa por tiempo determinado, compren caballos
y armas a propósito para las ocasiones que cada día se ofrecen, y todo lo
necesario para este efecto. A más de esto, guardándose igualdad por entre ambas
partes, juzgamos útil y conveniente se aprecie el coste de los caballos y se
note con cuidado. Désele después con toda caridad y según permitieren las rentas
de la casa, todo lo demás que hubiere menester el soldado para sí, o para el
caballo y escudero. Mas si por algún suceso perdiere el caballo en servicio de
la Orden, el Maestre le dará otro, según permitiere la renta del Convento. Pero
llegado el tiempo en que ha de volverse a su patria, el soldado perdone por
amor de Dios la mitad del precio de su caballo y la otra parte, si quisiere,
puede pedirla a la comunidad y debe entregársele.
XXXIII. Que ninguno obre
según su propia voluntad.
Conviene que los religiosos militares, que ninguna cosa buscan y aman
más que a Cristo, obedezcan siempre al Maestre en cumplimiento del instituto
que profesan por la gloria de Dios o por el temor del infierno. Esta obediencia
debe ser tal como si lo mandara el mismo Dios, que es a quien representa el
Maestre o el que hace sus veces, y a fin de que pueda aplicárseles lo que dice
la Suma verdad: en oyéndome me obedeció.
XXXJV. Si pueden salir
por el lugar sin orden del Maestre.
Tanto a los fieles o hermanos perpetuos que renuncian su propia
voluntad como a los demás que sirven por término señalado en esta milicia, les
rogamos encarecidamente y mandamos que sin licencia del Maestre no anden por el
lugar sino es para visitar el Santo sepulcro y demás lugares piadosos.
XXXV. Si pueden ir solos.
Los que salieren con el objeto que se ha dicho en el capítulo
anterior, no vayan ni de día ni de noche sin compañía, esto es, sin otro
Caballero o religioso de los perpetuos. Cuando estuvieren en el ejército,
después que estén alojados, ningún soldado o escudero ande por los cuarteles de
los demás para ver o hablar con otro, sino con licencia, como se ha dicho. Y
así de común consentimiento ordenamos que ningún soldado de esta Orden milite a
su arbitrio, sino que se sujete enteramente a lo que el Maestre ordenare, para
seguir aquel consejo del Señor: No vine a hacer mi gusto, sino e! de quien
me envió.
XXXVI. Que ninguno busque
singularmente lo que hubiere menester para sí.
Mandamos que entre las demás buenas costumbres se observe la de no
procurarse cada uno sus comodidades. Ninguno pues de los militares perpetuos
busque para sí caballos y armas. ¿Cómo pues se ha de portar? Si sus achaques, o
las pocas fuerzas del caballo, o el peso de las armas es de tal suerte que el
ir con ellas sea de daño común, represéntelo al Maestre o al que ocupare su
lugar, y propóngale con sencillez el inconveniente. Y quede a la disposición o
voluntad del Maestre, y, después de él, al arbitrio del mayordomo, lo que
hubiere de hacerse.
XXXVII. De los frenos y espuelas.
Mandamos que de ninguna suerte se lleve oro o plata (que es lo
especialmente precioso) en los frenos, pectorales, espuelas y estribos; ni sea
lícito a alguno de los militares profesos o perpetuos comprarlos. Pero si de
limosna se les diere alguno de estos instrumentos viejos y usados, cubran la
plata y oro de suerte que su lucimiento y riqueza a nadie parezca vanidad. Pero
si los que se dieran son nuevos, el Maestre disponga de ellos a su arbitrio.
XXXVIII. Que las lanzas y
escudos no tengan guarniciones.
No se pongan guarniciones en lanzas ni escudos, porque esto no sólo no
es de utilidad alguna, antes se reconoce como cosa dañosa a todos.
XXXIX. De la potestad del
Maestre.
Puede el Maestre dar caballos y armas y todo lo que quisiere y a quien
gustare.
XL. De la cota y maletas.
A nadie se concede tener cota y maleta con propiedad. Ninguno pueda
usar de ellas sin licencia del Maestre o del que tiene su lugar en los negocios
de casa. En esta disposición no se incluyen los procuradores, y los que viven
separados en varias tierras, ni los Maestres provinciales.
XLI. De las cartas.
Ninguno de los religiosos puede recibir cartas de su padre o de
cualquiera otra persona, ni entre sí unos de otros, sin licencia del Maestre o
del procurador. Después que tuviere licencia, lea la carta delante del Maestre
si él quisiere. Si sus padres le enviaren algo, no se atreva a recibirlo sin
consentimiento del Maestre. Esta regla no habla con el Maestre ni Procurador de
la casa.
XLII. Acerca hablar de la
vida pasada.
Si toda palabra ociosa ocasiona pecados, ¿qué podrán responder al Juez
riguroso los que hacen gala de sus vicios? Muéstralo bien el profeta. Si
algunas veces conviene omitir buenas pláticas por no faltar al silencio, ¿con
cuanta más razón, temiendo el castigo del pecado, se han de huir conversaciones
impertinentes? Vedamos pues, y con todo esfuerzo prohibimos, que alguno de los
religiosos perpetuos se atreva a referir de sí o de otros los desconciertos de
su vida seglar, ni las comunicaciones que tuvo con mujeres perdidas; y si
alguno oyere a otros tales palabras, hágale callar, y cuanto antes pudiere
sálgase de la conversación, y no dé oídos su alma al que pregona tal confesión.
XLIII. Del recibir y
gastar.
Si a alguno de los religiosos se les diese sin buscarlo, o de balde,
alguna cosa, llévela al Maestre o al despensero. Pero si su padre o algún amigo
le diere algo, con tal condición que haya de servir a él sólo, de ningún modo
lo reciba sin licencia del Maestre. Nadie sienta que dé a otro lo que a él le presentaren,
pues tenga por cierto que si de eso se enoja ofende a Dios. No se contienen en
esta regla a los oficiales, a quienes toca cuidar de esto, pero son
comprendidos en lo de la cota de malla.
XLIV. De los frenos de
los caballos.
A todos es útil este mandato establecido por nosotros para que de aquí
adelante se guarde sin excusa. Y así ningún freile se atreva a tener ni hacer
frenos de lana o lino para que sirvan a sus caballos. Las riendas podrán ser de
estos materiales.
XLV. Que ninguno trueque
o busque cosa alguna.
Queda dispuesto que ninguno sin licencia del Maestre pueda trocar cosa
alguna con otro religioso, ni buscar o pedir sino cosa de poco precio y
estimación.
XLVI. Que ninguno vaya a
caza de cetrería.
Opinamos que ninguno debe ir a caza de cetrería, porque no está bien a
un religioso vivir tan asido a los deleites mundanos sino oír la divina
palabra, estar frecuentemente en oración, y en ella confesar a Dios, con
gemidos y lágrimas, cada día sus pecados. Ninguno pues vaya con hombre que caza
con halcones y otras aves de cetrería, por las causas que se han dicho.
XLVII. Que ninguno mate
las fieras con ballesta o arco.
Conviene a todo religioso andar modestamente, con humildad, hablando
poco y a su tiempo, y sin levantar mucho la voz. Especialmente mandamos que
ningún religioso profeso intente en los bosques perseguir las fieras con
ballesta o arco, ni vaya a este fin con quien cazare, sino para guardarle de
los pérfidos gentiles; tampoco incite los perros, ni pique al caballo con
intento de coger alguna fiera.
XLVIII. Que maten siempre
a los leones.
Porque sin duda se os ha fiado con especialidad a vosotros, y vivís
con obligación de arriesgar vuestra vida por la de los prójimos, y borrar del
mundo los infieles que persiguen al Hijo de la Virgen, y del León leemos que
busca a quien tragar, y que sus garras están siempre contra todos, es preciso
que las de todos estén contra él.
XLIX. Que oigan la
sentencia que contra ellos se profiriere en cualquier querella.
Sabemos que son innumerables los enemigos de la santa Fe, y que
procuran embarazar con pleitos a los que más los huyen. El parecer del
Concilio, en esta parte, es que si alguno, en las partes orientales o en otra
cualquiera, pidiere contra vosotros alguna cosa, oigáis la sentencia que dieren
los jueces correspondientes y amigos de la verdad, y mandamos que sin excusa
cumpláis lo que justamente se dispusiere.
L. Que esta regla se
observe en todo lo demás
En todas las demás cosas que injustamente os quitaren guardad siempre
la regla que antecede.
LI. Que puedan todos los
religiosos militares profesos tener tierras y vasallos.
Por divina Providencia, según creemos, se comenzó por vosotros este
nuevo género de Religión en los Santos Lugares, para que juntaseis con ella la
milicia, y para que la Religión estuviere defendida con las armas para hacer
guerra justa al enemigo. Con razón pues juzgamos que si os llamáis soldados del
templo tengáis y poseáis (por el insigne y especial mérito de santidad) casas,
tierras, vasallos, obreros, y los gobernéis y cobréis de ellos el tributo
instituido y señalado.
LII. Que se cuide mucho
de los enfermos.
Sobre todo se ha de tener gran cuidado de los religiosos enfermos, y
que se les sirva como a Cristo, teniendo muy en la memoria lo que dice en el
Evangelio: Estuve enfermo, y me visitasteis. Los enfermos pues se han de
sufrir con tolerancia y paciencia, porque sin duda con eso se merece abundante
paga de Dios.
LIII. Que se asista a los
enfermos con todo lo que hubieren menester.
Mandamos encarecidamente a los enfermeros que con toda atención den lo
que fuere necesario para el servicio y curación de cualquier género de
enfermedades, según la posibilidad de la casa; a saber, la carne, las aves, y
lo demás que sea menester hasta que estén buenos.
LIV. Que ninguno enoje a
otro.
Se ha de tener mucho cuidado en no dar uno ocasión de sentimiento a
otro, porque la suma clemencia unió con
vínculos de hermandad y amor igual a ricos y pobres.
LV. De qué suerte se han
de recibir los casados que quisieren entrar en la hermandad.
Permitimos que recibáis en el número de los religiosos a los casados,
pero con estas condiciones: que si desean ser participantes del beneficio de
vuestra hermandad y comunicación, los dos ofrezcan, para después de su muerte,
a la comunidad del capítulo parte de su hacienda y todo lo que adquirieren en
este tiempo. Mientras vivan conserven honestidad de vida, y procuren el bien de
sus hermanos; pero no lleven el vestido blanco. Si el marido muriere primero,
deje su parte a los religiosos sus hermanos, y su mujer se sustente con la
otra. Pero tenemos por inconveniente que estos hermanos casados vivan en una
misma casa con los que tienen hecho voto de castidad.
LVI. Que fuera de éstas,
no se admitan de aquí en adelante otras hermanas.
Peligroso es asociar con vosotros, fuera de las dichas, algunas
hermanas, porque el enemigo maligno echó a muchos del camino derecho del Cielo
por la conversación con mujeres. Y así, hermanos carísimos, para guardar en su
flor la pureza, no se permita de aquí en adelante ese trato y comunicación.
LVII. Que los religiosos
templarios no traten con descomulgados.
Temed mucho, hermanos, y prevenid que ninguno de los soldados de
Cristo comunique con algún excomulgado en público ni en secreto, ni frecuente
sus casas, porque no le comprenda la misma excomunión. Pero si sólo estuviere
suspenso, bien podrá comunicar con él y favorecer sus negocios.
LVIII. Cómo se han de
recibir los soldados seglares.
Si algún soldado de vida perdida y estragada, u otro cualquier seglar,
quisiere renunciar al siglo y sus vanidades, y pidiere ser recibido en vuestra
compañía, no se le conceda luego lo que pide, sino, según enseña San Pablo,
examínese el espíritu si es de Dios, y de esta suerte sea recibido en la Orden.
Léase la regla en su presencia, y si prometiere obedecer con cuidado lo
prevenido en ella, (si al Maestre y a los religiosos les pareciera bien el
recibirle) convocados y juntos los hermanos, descúbrales y exponga con
intención pura su petición y deseo. Después, empero, esté al arbitrio del
Maestre el tiempo que haya de permanecer para acabar de probar su vocación, que
será con arreglo al género de vida del que solicita ser recibido.
LIX. Que no se llamen
todos los religiosos para las juntas secretas.
Mandamos que no se convoquen todos los freiles a consulta, sino
solamente a aquellos que al Maestre le parecieren de buen juicio y prudencia.
Pero cuando se tratare de otras cosas mayores, como es dar una encomienda,
discutir sobre las cosas de la Orden, o recibir algún religioso, entonces, si
al Maestre le pareciere convenir, llame toda la congregación, y oído el parecer
de todo el capítulo, sígase lo que juzgare mejor el Maestre.
LX. Que recen sin hacer
ruido.
Mandamos de común parecer que recen conforme el fervor o devoción de
cada uno, sentados o en pié, pero con suma reverencia, con modestia, y sin
ruido para no estorbar a los otros.
LXI. Que se tome
juramento a los que sirven.
Sabemos que muchos de diversas provincias, así escuderos como criados,
desean con pura intención dedicarse por toda su vida al servicio de las almas
en vuestras casas. Y así conviene que les toméis por juramento su fe y palabra,
no sea que el enemigo ejercitado en hacernos guerra les persuada alguna cosa
indigna del servicio de Dios, o los aparte arrebatadamente de su buen
propósito.
LXII. Que los muchachos,
mientras lo fueren, no se reciban entre los religiosos templarios.
Aunque la regla de los Santos padres permite recibir en los
monasterios a los muchachos, no nos parece bien que vosotros os encarguéis de
ellos. Pero si alguno quisiere dedicar algún hijo suyo o pariente a esta
religión militar, críele hasta que tenga edad para echar esforzadamente, con
las armas en la mano, de la Tierra Santa a los enemigos de Cristo. Después,
conforme a la Regla, el padre o los parientes llévenle delante los religiosos,
y representen a todos juntos su petición, porque mejor es no hacer en la edad
primera los votos, que faltar a ellos después en edad madura.
LXIII. Que tengan siempre
respeto a los ancianos.
Conviene respetar con piadosa atención a los ancianos, y sobrellevar
la flaqueza de sus fuerzas, y no se les dé con cortedad lo que hubieren
menester en cuanto lo permitiere la observancia de la regla.
LXIV. De los que andan
por diversas provincias.
Los que fueren enviados a diversas provincias, guarden la Regla cuanto
sea posible en la comida y bebida, y en todo lo demás, viviendo sin hacerse
reprehensibles, para dar buen ejemplo a los seglares. No desdoren de palabra ni
obra el instituto de la religión, pero principalmente procuren dar muestras de
virtud y buenas obras a los que más de cerca trataren. La casa donde se
hospedaren sea de buena y segura fama, y si pudiere ser no falte luz en su
cuarto de noche, no sea que a oscuras, lo que Dios no quiera, algún enemigo,
fiado en las tinieblas, le dé la muerte. Mandamos que vayan donde supieren que
se juntan los militares no excomulgados, pretendiendo en esto no tanto el
consuelo espiritual, cuanto la eterna salvación de sus almas. Constituidos pues
así los hermanos, que dirigimos a las partes ultramarinas con esperanzas de
aprovechamiento, tenemos por loable que a los que quisieren entrar en esta
Orden militar, los reciban de esta manera. Júntense ambos delante del obispo de
aquella provincia, y oiga el prelado los deseos del que pide entrar en la
Orden. Oída pues la petición, el religioso le envíe al Maestre y a los freiles
que viven en el Templo de Jerusalén,
y si su vida es ajustada y merecedora de tal compañía, recíbanle con toda
piedad, si así le pareciere al Maestre y religiosos. Si en este tiempo muriere,
hágansele los sufragios como a hermano de esta Orden militar de Cristo, en
recompensa de sus trabajos y fatigas.
LXV. Que el sustento se
dé a todos con igualdad.
Conviene que a todos los religiosos se les dé el sustento necesario,
según la posibilidad de la casa, y con igualdad, porque no parece bien la
excepción de personas, bien que es muy necesaria la atención a los que padecen
algunos achaques.
LXVI. Que los caballeros
templarios posean diezmos.
Creemos que habiendo dejado las muchas riquezas que poseíais os
sujetasteis a la pobreza voluntaria. Y así a vosotros, que vivís en comunidad,
os concedemos que poseáis algunos diezmos de esta manera. Si el obispo quisiere
daros algunos de su iglesia por amor de Dios, de consentimiento de todo el
Capítulo se os debe dar a vosotros de aquellos diezmos que se sabe posee la
iglesia. Pero si cualquier seglar os quisiere dar la décima parte de su
hacienda, obligándola a tal cantidad, sólo con licencia del que presida y de su
voluntad, y no a la del Capítulo, se debe distribuir.
LXVII. De los pecados
mortales y veniales.
Si alguno en la conversación o en la campaña cayere en alguna falta
leve, de su propia voluntad la descubra al Maestre para satisfacer por ella.
Culpas ligeras, sino fueren muy frecuentes, castíguense con leve penitencia.
Pero si, callando él su culpa, otro se la avisare al Maestre, castíguese con
mayor y más rigurosa pena. Mas si la culpa fuere grave, sepáresele de la
Comunidad de los demás religiosos, no coma con ellos sino aparte, sujeto en
todo a la disposición y arbitrio del Maestre para quedar libre y seguro en el
día del juicio.
LXVIII. Por qué delito
han de ser despedidos.
Se ha de prevenir primeramente que ninguno flaco, esforzado, poderoso
o pobre, si pretendiere sobreponerse y aventajarse a los demás, quede sin
castigo. Si no se corrigiere, désele mayor penitencia. Pero si con avisos
suaves y amonestaciones no quisiere enmendarse, antes bien se desvaneciere más
y más, ensoberbeciéndose, entonces échenle del piadoso rebaño de Cristo,
siguiendo al Apóstol que dice: Arrojad de vuestra compañía al malo.
Forzoso es arrojar la oveja pestilente de la comunidad de los fieles. El
Maestre pues, que tiene el báculo y la vara en la mano (báculo para sustentar
los flacos, vara para castigar con celo santo los delitos) no se resuelva a
castigar sino con parecer del Patriarca, y habiéndolo encomendado a Dios, no
sea, como dice el Máximo, que la demasiada blandura relaje el justo rigor, o la
demasiada aspereza desespere los delincuentes.
LXIX. Que desde Pascua
hasta todos Santos no vistan sino una camisa de lino.
Por atender al mucho calor que hace en esas partes orientales, dese
desde Pascua de Resurrección hasta todos Santos una camisa de lino, y no más,
no por obligación, sino por gracia o indulgencia a cada uno, o a aquel digo que
quisiere usar de ella. Pero en lo demás del año todos vistan camisas de lana.
LXX De lo preciso para
las camas.
De común parecer mandamos que si no es con grave ocasión duerma cada
uno en cama aparte. Tenga cada uno su lecho decente, según la disposición del
Maestre. Parécenos que basta a cada uno un colchón, almohada y manta. A quien
le faltare alguna de estas tres cosas, désele un cobertor o cubrecama y en todo
tiempo se le permite una sábana de lino. Ninguno duerma sin camisa ni
calzoncillos. Nunca falte luz en el dormitorio de los hermanos.
LXXI. Del evitar la
murmuración.
Mandamos que huyáis la emulación, envidias, y murmuraciones como de
perniciosísima peste. Procure pues cada uno no culpar ni murmurar de su hermano
en ausencia, conforme al consejo del Apóstol: No seas acriminador ni
murmurador en el pueblo. Cuando supiere claramente que su hermano ha caído
en alguna falta, repréndale a solas y con caridad fraterna y pacífica, para
cumplir con lo que manda el Señor. Si no hiciere caso de él, llame a otro para
el mismo efecto. Si despreciare el aviso de entrambos, avísele delante de toda
la Comunidad, porque sin duda están muy ciegos los que murmuran de otro, y muy
desgraciados los que son envidiosos y vienen a caer en los lazos de nuestro
antiguo y engañoso enemigo.
LXXII. Que huyan los
abrazos de cualquier mujer.
Peligroso es atender con cuidado el rostro de las mujeres; y así
ninguno se atreva a dar ósculo a viuda ni doncella, ni a mujer alguna, aunque
sea cercana en parentesco, madre, hermana, ni tía. Huya la caballería de Cristo
los halagos de la mujer, que ponen al hombre en el último riesgo, para que con
pura vida y segura conciencia llegue a gozar de Dios para siempre.
Amen.
Escudo del Ordo Templi Hierosolymitani -
Equites Templares
La Cruz Pateada
La
cruz pateada o cruz paté es aquella cruz cuyos brazos
se estrechan al llegar al centro y se ensanchan en los extremos. Su nombre
proviene de que los brazos de este tipo de cruz parecen patas. Existen muchos
tipos de cruces patadas.
La
cruz paté se asocia con la Orden de los
Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón (en latín: Pauperes Commilitones Christi Templique
Salomonici), también llamada la Orden
del Temple que en el 24 de abril de 1147, el papa Eugenio III les
concedió el derecho a llevar permanentemente la cruz; cruz sencilla, pero
ancorada o paté, que simbolizaba el martirio de Cristo; de color rojo, porque
el rojo era el símbolo de la sangre vertida por Cristo, pero también de la
vida. La cruz estaba colocada en su manto sobre el hombro izquierdo, encima del
corazón.
Estandarte Templario o
Beauseant o Boussant
Formado por dos mitades, mitad blanco y mitad negro,que representan lo siguiente:
Blanco: Es
símbolo de pureza, la luz que protege y alienta, trae paz y tranquilidad
combinadas con comodidad y esperanza.
Negro: Es la negación absoluta, esconde caos y trae discordia y confusión a los enemigos. Rojo de la Cruz: Recuerda la sangre derramada por Nuestro Señor, es la energía vital la que ayuda a los Caballeros del Templo a luchar y derramar su sangre para la gloria de Dios.
Sigillum Militum Xpisti -
Sello de los Caballeros Templarios
Sello de los Caballeros
Templarios que muestra a dos miembros de la orden subidos en un solo caballo,
símbolo de su pobreza; y se lee: Sigillum Militum Xpisti ("Sello de los
soldados de Cristo").
Espada Templaria
La espada era el arma por excelencia de todo caballero, éstas eran de doble filo y el mango terminaba con un extremo redondo que se ocupaba para golpear. Las espadas templarias no sólo eran utilizadas para atacar y defender, sino que eran la fiel compañera del caballero templario, en el día a día. Tenían la empuñadura en forma de cruz, una hoja recta, de doble filo y punta, diseñada y realizada con acero templado, duro y resistente que permitía la penetración a través de las cotas de mallas del enemigo. Simboliza el instrumento de Dios para combatir el mal y las injusticias
Manto Blanco Templario
El hábito de los caballeros templarios era una túnica de lana blanca semejante a la de los antiguos cistercienses, según se ve por el cap. XX y siguientes de la regla; y más adelante por los años de 1147 el Papa Eugenio III aprobó que llevaran una cruz de paño rojo sobre sus capas blancas y también en sus estandartes. Simboliza la pureza y la luz que protege y alienta al Caballero y cla cruz roja en el pecho, simboliza la sangre derramada por Nuestro Señor; y es el símbolo de la promesa solemne que hacen los Caballeros Templarios para garantizar la ayuda y la protección contra las adversidades de la vida.